LIMA DISECADA

Si no se esconde bajo una espesa frazada de nubes, el paisaje de Lima a cierta altura te juega una ilusión de escala... Desde la ventana de un avión la ciudad se percibe como una obra en construcción interminable bordeada por cerros de agregados entre los cuales se apilan miles de ladrillos. La vegetación es escasa, unos hongos blancos gigantes se elevan sobre lo demás… Ya no hay bosques, ya no hay lagunas, ya no hay campos de cultivo, el río es marrón como la tierra y los pantanos botaderos… La mayoría la conoció así, desertificada.


Lima desde el aire (2011)
Fotografía: Gaby Fil

Aterrizar en Lima siempre es emocionante. Ya sea luego de un viaje corto o una temporada en el exterior, golpear tierra firme, suspirar profundo y respirar al instante la humedad de Lima nos hace sentir como peces en el agua. Pero esa tarde fue distinta. Desde el cielo y a través de mi ventana ovalada vi pasar un grupo de islotes desconocidos, enseguida un grupo de barcos sospechosos… Ya estábamos cerca de la pista de aterrizaje, de eso no había duda, pasábamos justo sobre los containers y el cerro mutilado para amontonarlos.

De repente algo había cambiado, los campos de cultivo estaban secos, no había ni un árbol de pie, solo arbustos espinosos aferrados al suelo y de la Hacienda San Agustín solo quedaría un documental… Era poco lo que se veía, pero eso no era en absoluto lo desconcertante. Comprimí un poco los músculos para recibir el impacto. El avión ya rodaba sobre la pista y volví a girar la cabeza hacia la ventana. La pista estaba envuelta por largos jardines de tierra pintados de verde. ¿Es en serio? Me pregunté incrédulo… Otras preguntas llegaron a mi mente. ¿Algún extranjero estará pensado que esto es vegetación natural? ¿Es importante lo que ellos piensan? ¿Era esta la primera imagen que quería aparentar el Perú? ¿A quién queremos engañar? ¿Quiénes nos están engañando?


Aeropuerto Internacional Jorge Chavez. Lima-Callao (2018)
Fotografía: Google Earth

Pasaron ya diez años desde entonces… Y hace poco han vuelto a pintar la tierra del aeropuerto de verde obsesionados por conservar un paisaje disecado. Lo que subyace a esta pintura es en realidad un producto para estabilizar el suelo compuesto de copolímeros acrílicos que no tiene color. Este producto impermeabiliza el suelo siendo para el aeropuerto una solución para remediar la rebeldía del polvo provocada por la desertificación de su entorno. ¿Pero por qué pintar la tierra de verde? ¿No es posible mantener una capa de césped o plantas silvestres en el entorno del aeropuerto? ¿Si todo esta zona fue un fértil valle agrícola con canales de regadío, por qué no podría volver a serlo? Por último ¿No podían echar simplemente el producto sin colorantes exhibiendo el color natural de la tierra desnuda?

Vista aérea del Aeropuerto Internacional Jorge Chavez (2012)
Fotografía: Juan Manuel Temoche

Especulando un poco más... ¿Es posible que la desertificación de nuestro territorio nos esté conduciendo a la construcción de un imaginario totalmente abstracto de la vegetación y de lo verde de modo que pronto no podamos distinguir más lo natural de lo artificial? ¿Terminaremos cortando los arboles porque se volverán obstáculos para los carros? ¿Terminaremos prohibiendo el uso y disfrute del césped de los parques para verlos como “ornato”? ¿Terminaremos sembrando flores de plástico y pasto artificial en nuestras casas? O aún más desquiciados ¿Terminaremos pintando los acantilados de la Costa Verde con este bendito producto verde?... 


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