ARIDEZ SUMERGIDA EN NIEBLA
Vista de Lima desde los cerros de La Molina
Fotografía: Jose Chacaltana
Como todo niño de
la periferia limeña, fue muy común para mí trepar los cerros; explorar, jugar y
más tarde meditar…
Los cerros pelados, el polvo fino y los remolinos manifestaban cierta hostilidad hacia los visitantes. Esta actitud era propia de sus sigilosos moradores: Lagartijas escurridizas, alacranes a la defensiva, hormigas león expectantes en sus trampas cónicas… incluso halcones vigilantes desde el aire o lo alto de un palo seco. Todo era absolutamente pardusco-grisáceo; con, tal vez, solo una excepción, las mariposas monarcas que volaban como pélalos naranjas llevadas por el viento.
Los cerros pelados, el polvo fino y los remolinos manifestaban cierta hostilidad hacia los visitantes. Esta actitud era propia de sus sigilosos moradores: Lagartijas escurridizas, alacranes a la defensiva, hormigas león expectantes en sus trampas cónicas… incluso halcones vigilantes desde el aire o lo alto de un palo seco. Todo era absolutamente pardusco-grisáceo; con, tal vez, solo una excepción, las mariposas monarcas que volaban como pélalos naranjas llevadas por el viento.
La vegetación de los cerros era también peculiar, a la distancia unas manchas dispersas, usualmente congregadas
en las quebradas remarcando sus tenues arrugas. De cerca, una suerte de pelucas secas y escamosas que era divertido arrancar con una buena
patada. En efecto, no tenían raíces que las aferraran al suelo… Estas plantas
nativas, aunque fáciles de desarraigar, me entero ahora, después de muchos años de ignorancia e intriga, se llaman tillandsias y viven de la humedad del
aire, bebiendo las gotas de la neblina.
Así es Lima,
un
desierto húmedo,
una aparente paradoja,
aridez sumergida en niebla.
Paisaje de tillandsias
Fuente: hectoraponte.blogspot.com
El proyecto
ganador del concurso internacional de arquitectura y paisajismo en el Parque Cultural
Pachacamac aprecia esta condición natural y propone un manto de tillandsias envueltos en una atmosfera
de niebla artificial. Las plantas, sin raíces, se posan sobre la pampa de arena,
evitando dañar vestigios arqueológicos por descubrir. Unos puentes apoyados
sobre ruedas se conectan para llevar la niebla refrescante a las plantas y a
las personas que recorren el paisaje. Como complemento, unos postes clavados
como enormes inciensos iluminan la noche.
La propuesta es
sencilla y contundente o sencillamente contundente. Reconoce la paradoja del
encargo: hacer un parque sobre un sitio arqueológico y responde recreando un
paisaje tan familiar que ya nadie reconoce.
Propuesta ganadora: The mantle and the Plinth (El Zócalo y el Manto)
Autores: Tomas McKay, Pablo Alfaro, Kushal Lachhwani
Fuente: archdaily.com
Más información sobre los proyectos finalistas del concurso:


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